sábado, 12 de septiembre de 2015

El desenlace necesario de la Vuelta

Creo que ya se han escrito suficientes textos más o menos amplios -desde los 140 caracteres de un Twitter que ha estado ardiendo toda la sobremesa hasta los cientos de palabras de esas crónicas que se están ya cerrando- que sería absurdo por mi parte extenderme sobre la necesidad de las tácticas en ciclismo frente a los ataques individuales -eso sí aprovecho para recordar la importancia del ‘pinganillo’ como elemento transmisor entre la dirección y los corredores-; de que el ciclismo es un deporte de equipo con resultados individuales; que las etapas de montaña son siempre más decisorias -que no decisivas- que las ‘monopuerto’; o que los grandes hazañas siempre van acompañadas de no menos grandes y espectaculares derrotas. Pasó con Hinault y Gorospe hace ya 22 años. Y hoy ha sucedido con Fabio Aru y con Tom Dumoulin, en un día en que todos nos metimos en la piel del neerlandés, en esa agonía cada vez más dolorosa camino de Cercedilla.

En esta Vuelta, pues, hemos descubierto a dos grandes campeones -con características muy distintas, a lo Indurain y Chiappucci, por ejemplo- que dominarán las ‘grandes’ en pocos años, mejor dicho, a tres, ya que Mikel Landa ha estado lejos del triunfo absoluto pero me ha impresionado en algunos momentos más que el propio Aru. Todos ellos frisando los 25 años, como un Nairo Quintana que no ha estado tan espectacular esta campaña como en sus inicios, pero que todavía tendrá muchas páginas de oro por escribir.

La Sierra de Madrid ha vuelto a ser Historia de La Vuelta. Y con este brillante -y doloroso- broche se olvidará definitivamente el fiasco de la crono por equipos de Marbella. Porque, de haber sido mínimas las diferencias a favor del italiano, ¿alguien habría podido demandar los segundos adicionales que podría haber sumado el Giant sobre el Astana si se hubieran contabilizado las diferencias? O al revés, que Landa hubiera sido despedazado por su rebeldía en Andorra en vez de alabado por su fenomenal desempeño como gregario de lujo, especialmente hoy.

Hay unas últimas conclusiones que quizá puedan originar más debate, lo cual me agradaría. Y es que por mucho que las jornadas decisivas hayan sido las más clásicas en su formato montañoso -Andorra y Sierra de Madrid-, el carácter de la Vuelta se ha consolidado con las etapas ‘matacabras’, a tenor de las audiencias. Eso sí, en este sentido no es necesario buscar metas inéditas por encima de todo, sino simplemente seleccionar entre las que valen y las que no. Y no me refiero sólo al recorrido, sino a toda la logística que acompaña a la carrera -posibilidad de albergar toda la infraestructura en unos límites geográficos aceptables y de evacuar en las condiciones de rapidez necesarias para todos-.

Y si encima dejamos de castigar y penalizar las contrarrelojes -¿cuándo se va a recuperar una cronoescalada?-, veremos que la Vuelta es la ‘grande’ que hoy en día tiene mejor definida su identidad y que es perfectamente viable, a pesar de que la amenaza de reducción a dos semanas es más real que nunca... y que podría haber tenido hasta una cierta justificación de no haber sido por el desenlace de Cercedilla.

PD: Es triste que una escapada tenga más protagonismo en los medios cuando los líderes no se mueven. E injusto, por tanto, que el etapón de Rubén Plaza quede en segundo plano por el terremoto en la Sierra de Madrid. Por ello, no quiero terminar sin felicitar al alicantino, ganador de una de las etapas de las de antaño, con un coraje, de los de siempre.

Fotos: © Graham Watson/Unipublic

1 comentario:

  1. Llevas toda la razón, se critica mucho el pinganillo para el ciclismo épico pero sin él como se hubiese podido parar a Luis León para que tirase en el momento preciso? Se visión de este final de Vuelta, una visión patrimonial como siempre, es esta: http://patrimoniociclista.blogspot.com.es/2015/09/la-vuelta-un-corte-de-sierra-analisis.html

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