viernes, 30 de julio de 2010

Poco sol y muchas sombras

Casi 48 horas después de la decisión tomada sobre abolición de las corridas de toros en Cataluña a partir de 2012, siguen asaltándome muchas dudas sobre lo sucedido en el Parlament. No como aficionado a la Fiesta -que lo soy y no me duelen prendas reconocerlo, aunque no sea un seguidor asiduo principalmente desde que TVE dejó de emitir corridas-, sino como ciudadano. Son dudas sobre la forma cómo se ha tomado esta decisión, sobre su significado, y sobre lo que puede suponer como precedente a la toma de otras decisiones, aunque sean bien distintas.

En primer lugar hay que reconocer que ha sido ante todo una decisión oportunista, puesto que se va a abolir algo que estaba en vías de desaparición en Cataluña. Salvo en lugares y ocasiones puntuales, los toros apenas interesaban, aunque otra cosa bien distinta es decir que molestaban, que incomodaban tanto como para pedir su suspensión. Eso sí, los ‘bous al carrer’ –es decir toros embolados, de fuego, encierros y demás-, y que son bastante populares en todo el Mediterráneo, seguirán siendo permitidos, al parecer porque el animal no muere. ¿Pero no se trataba de evitar el sufrimiento y la tortura animal? Y por esta línea, que es lo próximo que se va a prohibir, ¿la caza? ¿los mataderos? ¿el ser carnívoro?

Mi segunda cuestión se refiere a las libertades y a las prohibiciones. Y es que no tengo nada claro qué es lo que los poderes públicos deben regular –lo que incluye el concepto de prohibir junto al de fomentar- y que es lo que depende de nuestra propia decisión individual, lo que algunos llaman libertad. En este caso, qué importa más entre dos derechos: el de los animales o el de las tradiciones. Curiosamente muchos políticos cuyo único concepto de libertad es el económico, se han llenado la boca en estas últimas horas con esta palabra, defendiendo el derecho de ir o no ir como lo único que debería valer. ¿Y me pregunto cómo se concilia las voluntades de las mayorías y los derechos de las minorías cuando en casos como estos son absolutamente antagónicos?

Independientemente de si se debe legislar o no, la tercera duda surge con el quién, con el dónde. Hemos creado un país en el que el autogobierno autonómico y municipal nos ha llevado a una absoluta falta de determinación las competencias de cada uno, con decisiones absolutamente opuestas y contradictorias solamente al pasar de un municipio a otro, por no hablar de las Autonomías. Por ejemplo, en la playa de Villatripas de Abajo puedes bañarte desnudo, pero tienes que ir con la camisa puesta en el Paseo Marítimo; justo lo contrario que en Villatripas de Arriba, donde está prohibido el ‘top less’ en sus calas, pero no pasa nada si exhibes tu pelambrera pectoral en las terrazas de la Plaza Mayor. O en qué pueblos puedes ponerte tu burka favorito. Aquí pasa lo mismo: ¿debe legislar el Estado o la Comunidad? ¿Y porqué lo que vale en Cataluña no vale en Madrid? Lo que da paso a los manidos y excesivos recursos ante el Tribunal Constitucional.

Una cuarta duda es el componente político de la decisión. Por mucho que numerosos políticos catalanes se cabreen cuando se les menciona, esta decisión tiene un tufillo ‘catalanista’, de hecho diferenciador que en algunos casos es más relevante que el fondo del debate, el maltrato animal. Eso no quiere decir que entienda, y mucho menos comparta, la actitud de otros políticos nacionales de incidir única y exclusivamente en este componente, para crear un clima que no se corresponde con la realidad de la decisión. Otro enfrentamiento más, otra causa de diferenciación, cuando lo que nos debería preocupar es lo que nos une (y no tiene por qué ser la selección nacional de fútbol exclusivamente).

Por último, una esperanza, aunque sea muy ingenuo. La decisión final ha sido consecuencia de una iniciativa popular. Por fin lo que piensan los ciudadanos –aunque no sean todos- ha llegado a un foro como el Parlament, donde se ha debatido y se ha votado. Lo ideal hubiera sido que la decisión final la hubiéramos tomado entre todos, vía referéndum, que pienso que hay suficientes medios para hacerlo y creo que es la verdadera esencia de la democracia. Aunque no hay ninguna voluntad, ya que esto sería inaceptable para ellos y sus prebendas. Pero este es otro debate: lo verdaderamente importante es esta iniciativa popular. Y espero que antes de seguir planteándose el futuro de la Fiesta en Madrid o en Villatripas de Abajo, los colectivos sociales se preocupen de otros aspectos que le importan más a la ciudadanía –y que atañen a la salud física y mental de las personas, no de los animales-, como la prohibición de fumar, el sistema educativo… o las propias prebendas de los políticos.

miércoles, 28 de julio de 2010

Guy Walks Across America

Ayer caía en mis manos –o frente a mis ojos, dicho de una forma más gráfica y creíble- este sugerente vídeo, fruto de la última campaña publicitaria de Levi’s, en el que, usando las técnicas de animación stop motion y time lapse, nos encontramos el viaje a pie de nuestro personaje de costa a costa de los Estados Unidos, desde Nueva York hasta San Francisco. Un viaje que, por lo menos a mí, me gustaría hacer al menos una vez en mi vida, aunque quizá con diferentes escalas. Pero si no se puede, aquí están en menos de dos minutos las imágenes de un recorrido de varios miles kilómetros –la distancia entre las dos ciudades en línea recta es ya de 4.100- que se grabó en apenas dos semanas, según nos cuentan.




Junto a la ruta seguida, os adjunto este segundo vídeo donde podréis encontrar la explicación de cómo fue realizado.

martes, 27 de julio de 2010

Un Campeonato, dos categorías y varias reflexiones

Aunque la mirada del 99,9% de los aficionados al ciclismo en carretera estaba puesta ayer de forma casi exclusiva en los Campos Elíseos de París, un porcentaje mucho menor teníamos como principal punto de mira de la jornada otro escenario muy distinto y alejado, Segovia, donde este fin de semana se han disputado los Campeonatos de España de ciclismo para dos categorías radicalmente opuestas, juveniles y veteranos –y aquí englobo a lo que se denominan tanto seniors como masters-. Y la verdad es que no me arrepiento en absoluto de haber sido espectador de lujo de estos Nacionales.

Es paradójico que dos categorías tan distintas coincidan en un mismo escenario para dilucidar sus respectivos Campeonatos, aunque perfectamente comprensibles las razones –organizativas y económicas- que han dado origen a esta fusión contra natura. Por un lado tenemos a los juniors, al llamado ciclismo del futuro, al evento que ha reunido a los que serán profesionales dentro de pocos años, recurriendo al tópico, a los sucesores de Contador. Por otro, a unos ciclistas que no podemos llamar del pasado bajo ningún concepto. Ni por la ilusión que destilan, ni por el empeño que ponen en sus pruebas. Ni muchos menos por los medios con los que compiten algunos. Y desde luego, ha sido un cincuentón recién estrenado, el navarro Javier Meoqui, el protagonista de las imágenes más emotivas del fin de semana, con esas lágrimas más propias de un juvenil, de un infantil, en el podio, aunque perfectamente entendibles en un hombre que conseguía materializar su sueño en un maillot rojo y amarillo tras muchos años de búsqueda.

Y es que la categoría de veteranos -que algunos abogan desacertadamente por su desaparición en su faceta competitiva- se merece una profunda reflexión, e incluso potenciación. Como decía, hay que ver los medios económicos que conlleva –no sólo en material que usan, sino en gastos ‘colaterales’ como el desplazamiento propio o el de los familiares que les acompañan- para pensar en que esta categoría tiene mucho más futuro –desgraciadamente incluso- que las de base, donde se nota más la crisis de vocaciones. De ahí el éxito de competiciones como la Copa del Mundo de Saint Johann in Tirol o la Copa de Europa de Mallorca. Los Nacionales tampoco van mal cuando se citan medio millar de ‘veteranos’, aunque tanto esta competición como la Copa de España deberían empezar por una redefinición de los grupos de edad y en sus denominaciones.

En cuanto a los juveniles, el palmarés no corrobora la condición de trampolín de este evento, algo que no debe sorprender ya que el Nacional es una prueba de un día, en la que la tensión y el nerviosismo afloran por encima de las características de los corredores de la categoría. Obviamente quien gana no es un ‘cojo’, pero muchos grandes profesionales jamás brillaron en este Campeonato, empezando por el propio Alberto Contador o por el inigualable Miguel Indurain. Eso sí, en los últimos años encontramos algunos nombres como Santi Blanco, Eladio Jiménez, Xavier Florencio, Rubén Plaza, Koldo Fernández de Larrea o José Joaquín Rojas, en la prueba en línea o en la de crono, a los que se podrían unir algunos de los ciclistas que acaban de subir a la máxima categoría o lo harán en breve. Y es que no debemos olvidar que, en el fondo, estamos aún en una categoría de formación. Ya habrá tiempo para resultados.

lunes, 26 de julio de 2010

Noche roja

He pasado una nochecita que no se la deseo ni a mi peor enemigo. No ha sido una noche en blanco, sin poder pegar ojo. Ni siquiera una Noche Negra en el recuerdo de Joaquín Sabina. Ha sido una noche Roja, en la que las imágenes de Iniesta y Lorenzo se mezclaban con las de Contador y Gasol. Y con las de Nadal y Alonso. Todos ellos vestidos con ese rojo pasión de moda, aplaudidos por millones de españoles orgullosos de serlo. Y de parecerlo.

Y yo mientras abucheado e increpado por nuestros sabios próceres, por los padres y las madres –ojo, que por lo menos a mi sueño no le acusen de discriminación de género, que era lo que me faltaba- de la Nueva España. Y todo por disfrutar solamente con la clase y los resultados de los deportistas; por creer que el deporte es deporte y no esa religión en la que se ha convertido, en ese nuevo opio del pueblo en este siglo XXI, y en esta parte del mundo, en la que los valores que emanan de nuestros ídolos y que rezuman españolismo sabiamente convertido por nuestros gobernantes están por encima de cualquier otra realidad política, económica y social. Me está bien empleado por hereje y por incrédulo y tras reflexionar largamente –uno o dos segundos- me he levantado dispuesto también a abrazar esta nueva fe. Y como antiguo pecador y estrenado converso tengo que abjurar radicalmente de mis antiguas creencias y hacer gala de forma pública y notoria de mis nuevas convicciones.

Así, pido perdón por no haberme echado a la calle, embutido en la camiseta roja de mi hijo de trece años, para celebrar el histórico triunfo sobre la Pérfida Albión, perdón, Holanda, como dijeron que hicieron todos y cada uno de mis compatriotas. Naturalmente repararé mi error proponiendo que, con carácter inmediato y retroactivo, el 11-J sea fiesta nacional y de guardar, sustituyendo a los obsoletos 12 de octubre, 6 de diciembre o incluso 25 de diciembre, fun, fun, fun.

Y también me disculpo por no haber creado aún en Facebook el grupo ‘Para que Los Lakers de Los Angeles –que nombre tan clarividente el de esta localidad- cambien su camiseta amarilla por la Roja”, en claro homenaje a un Gasol que dicen que es el 99,99% del mérito campeonil del conjunto californiano.

Debo penar también por no haber escrito ni una sola palabra sobre los malos, malísimos que son todos los rivales del pobre Fernando Alonso que se han confabulado en un contubernio judeo-masónico-redbulliano-mclarenista para dejarle sin Mundial de Fórmula 1, aunque el asturiano sea capaz de ganar hasta con los gasógenos de la posguerra… pero haya preferido una escudería Roja como Ferrari para demostrar su españolidad.

Pero lo peor de todo es haber pensado que Alberto Contador era simplemente un ciclista –un gran ciclista, por cierto- y un chaval humilde –y buena persona- que ha ganado su tercer Tour. Me arrepiento sinceramente.

Por ello, antes de nada, voy a ir, cantando a voz en grito eso de “Yo soy español, español, español”, a un ‘todo a cien’, aunque sea chino, a buscar un surtidito variado de enseñas rojigualdas –con toro, con gallina, para balcón, para antena de coche, de solapa y de bolsillo- para demostrar una vez más de forma inequívoca lo que siento. O lo que quieren que sienta. O lo que (no) piense.

Y después de ello, envidiado por los habitantes de todas y cada una de las naciones del globo terráqueo pero henchido de orgullo rojista –que no rojo, oiga-, me pasaré por una agencia de viajes para buscar un paquete vacacional para Turquía, cueste lo que cueste, el próximo mes de septiembre. Y tras comprarme allí un ney, un kemeçe y un saz -que la vuvuzuela está ya más pasada de moda que las maracas de Machín- poder festejar atronando el éxito baloncestístico, y redimirme de mis injustificables ausencias en el futbolero, demostrando, si aún no lo sabíamos, que somos lo mejor del Mundo mundial. Pese a quien pese. Y caiga, lo que caiga.

jueves, 22 de julio de 2010

¿Y si Contador tiene una avería en la crono de Burdeos?

Ya está, ya ha pasado la terrible etapa del Tourmalet. Ya se ha vuelto a evidenciar que Andy y Alberto, Contador y Schleck- tanto monta, monta tanto- están siendo los más fuertes de la presente edición. Tan sólo queda que la crono final de Burdeos ponga a cada uno en su sitio, que el español desempate haciendo valer sus mayores habilidades o fortalezas contra el crono, y gané su tercer Tour. Y, esperemos, con más de 38 segundos sobre el luxemburgués. Para que se olviden todas las ‘anécdotas’ de este 2010 que no han hecho ningún favor a lo que debe ser un componente del deporte, la rivalidad, la lucha, dejando al ‘fair play’ –mal e interesadamente entendido- y a la amistad como principales protagonistas del ciclismo. Porque, desde luego, no me quiero imaginar que, por cualquier motivo, Contador no tenga su día en Burdeos y, por accidente o avería –que nadie está libre de percances, y menos cuando la diferencia es tan exigua- se deje el maillot amarillo en esa crono. Evidentemente allí nadie va a parar a esperarle, claro está. ¿O si?, que uno ya está curado de espantos. Y si por lo que sea Contador no ganase, las críticas sobre el de Pinto serían demoledoras. Pero estamos hablando de ciclismo-ficción. Eso espero.

Lo que si es realidad, cruda realidad, es que el madrileño está convirtiéndose en un especialista en crear polémica, sin buscarlo, en generar opiniones encontradas, cuando lo único que pretende es buscar la unanimidad, y esa dualidad, que puede ser buena para el ciclismo, para que la gente vuelva a hablar –aun sin saber- en los bares y en el trabajo, en las tertulias y en los mentideros, es absolutamente negativa para el propio Contador. No me voy a repetir en lo que dije el otro día, pero intentar contentar a todos, es no tener contento a nadie.

La etapa de hoy es un botón de muestra más, aunque se resume claramente y sin posibilidad de equívocos: Schleck juega sus últimas bazas en la ascensión al Tourmalet, sin éxito, ya que el de Pinto aguanta bien; éste lo intenta una sola vez pero también se da cuenta del ‘empate’ y cesa en sus esfuerzos. Y llega la meta en la que Contador no disputa la victoria –deja ganar, en román paladino- a su rival. Abrazo entre los ‘amigos’ y aplausos en el podio, justo lo que quería el ‘líder’, que está por encima de estas cosas y es muy dueño y señor de hacer lo que quiera, o lo que pueda, en carrera. Pero claro está, que no se moleste –y mucho menos, que intente justificar o contentar- a quienes le recriminen que no haya luchado por la victoria: lo de hoy no ha sido un reparto de botín, sino una simple concesión como compensación de hechos anteriores. Guste o no guste, se justifique como se justifique.

No se me olvida que en los primeros kilómetros de la etapa se caía Samuel Sánchez, y Contador, en su papel de ‘Ombudsman’, le pedía a Sastre que cesase en su ataque. El abulense, como siempre, era muy claro en sus opiniones al término de la etapa: “Quien quiera sacar discusión o polémica de este tema lo puede hacer libremente. Yo me he caído en este Tour, me he caído en el Giro de Italia, he tenido averías y a mí nunca nadie me ha esperado. Creo que estamos haciendo del ciclismo una patraña de niñatos y esto es lo que sucede en este tipo de circunstancias”.

En fin, estoy deseando que termine ya este Tour y que el de 2011 tenga alicientes para que esto no sea una nueva edición –como decía con bastante cachondeo un compañero de tuiteríos- del romance Sara-Iker en versión dos ruedas. Llámense contrarreloj por equipos, bonificaciones… O que los Nibali, Gesink y otros jóvenes –o viejos- vengan con un mayor empuje para que el Tour ofrezca más posibilidades de las que hemos tenido este año. Será bueno para el ciclismo… y para el propio Contador.

martes, 20 de julio de 2010

Contador, una imagen equivocada

Anoche estaba dispuesto a no escribir ni un solo comentario en relación a la ‘cadena’ de acontecimientos sucedidos entre Contador y Schleck, desde Balès, hasta las primeras manifestaciones del madrileño nada más cruzar la meta, terminando con ese vídeo seminocturno de disculpa.

Y es que pensaba que ya se había dicho todo al respecto: opiniones acertadas, interesadas, tergiversadas, de auténtica mala fe, de relleno descarado e incluso del ‘no sé pero contesto’. Una vez más, voy a recurrir a ese cuento que me gusta tanto del padre, el hijo y el burro… y que cada uno saque las conclusiones que quiera y que pueda.

Pero al final, no me he resistido a dejar pasar la ocasión de poner mi granito de arena. No sobre lo sucedido, sino sobre el comportamiento de Alberto Contador. Y es que el de Pinto siempre ha querido siempre marcar diferencias con otros campeones de antaño, para los que ganar estaba por encima de todo. Ciclistas cuya rivalidad con sus coetáneos primaba por encima del más mínimo atisbo no sólo de amistad, sino siquiera de cualquier tipo de relación: Coppi y Bartali, Anquetil y Poulidor, Merckx y Ocaña, Fignon y Lemond… Y aunque pudieran existir ‘gestos’ –el famoso bidón de los dos italianos, el amarillo al que renunció el ‘Canibal’ precisamente en Luchon…-, el fondo de querer ganar estaba por encima de todo. Solamente Indurain, con su imagen de ‘hombre tranquilo’ daba la impresión de no querer buscarse problemas con nadie.

Contador se ha empeñado en dar una imagen más humana… y se ha equivocado. Por toda la razón que tuviera en decir lo que dijo sobre el fair play en Spa, estas palabras eran como una ‘daga’ en manos de los que nunca olvidan. Y ayer han intentado clavársela. Por mucho que ayer el ya líder del Tour se disculpara por dos veces, de forma innecesaria e incluso contradictoria.

Lo que es cierto –coincido con Juanma Trueba en AS- es que esta historia le va a quitar cosas más importantes que ese medio minuto que logró en meta. Pero no tiene por qué ser malo, todo lo contrario: ojalá se dé cuenta de que en este deporte –en la vida, también- no es necesario quedar bien con todo el mundo, y que de algunas cosas, cuanto menos se sepa, mejor: una disculpa privada con Andy, sin que nadie se entere, podría haber sido suficiente. Y que en el deporte, tan importante como el fair play es ganar, si no más. Y que me perdonen los puristas del espíritu olímpico. Aunque en el fondo, si el domingo en París Contador gana con más de un minuto de ventaja, lo sucedido ayer pasará al archivo de las historietas y batallitas del Abuelo Cebolleta, que recordaremos sólo en fechas señaladas y aniversarios.

lunes, 19 de julio de 2010

Apuntes de fauna social (II): El trepa

Aunque comparte muchas de sus actitudes con respecto a nuestro anterior especímen, el pelota, el protagonista de hoy, el ‘trepa’, es radicalmente distinto en sus objetivos, que no son otros que subir en la escala social, organizacional o empresarial, a costa de lo que sea. O de quien sea. Es cierto que casi todo el mundo busca la promoción, la realización, pero no al precio que sea.

Eso sí, como comentábamos entonces, el ‘trepa’ es absolutamente universal, solamente que su ’densidad’ aumenta peligrosamente en aquellas organizaciones poco estructuradas, donde la promoción profesional es más fácil con el uso de herramientas, llamémoslas así, ‘poco ortodoxas’, por encima del rendimiento y del desempeño. Y España es un triste ejemplo de ello.

Antes de entrar en analizar que es lo que le caracteriza, deberíamos centrarnos en qué es lo que origina su comportamiento, lo que le motiva, lo que le mueve. Por un lado, el dinero, poderoso caballero. Todavía hay muchísima gente cuyo único objetivo en la vida parece ser atesorar riquezas, pensando en ellas como un bien exclusivo y excluyente que les permita entrar en ese olimpo de los elegidos, de los que valoran –y se valoran- por lo que se tiene y no por lo que se es. Y desde este concepto, podemos enganchar con una segunda causa, la falta de autoestima, el pensar precisamente en que ese ‘pseudoéxito’ profesional les compense de sus vidas vacías en el plano personal. Necesitan, pues, esa admiración. Aún hay una tercera justificación, que no es otra que la revancha: una experiencia profesional frustrante –mejor dicho, que demuestre claramente su vacuidad, su falta de profesionalidad o simplemente su carácter- se toma como punto de partida para vender, en otro sitio, en otro tiempo, su falso carácter de triunfador, a costa de lo que sea. O de quien sea.

Y es que la existencia del ‘trepa’ está íntimamente legada a la de su víctima, al que podríamos llamar el ‘trepado’. En el mundo animal hay una interacción, conocida como parasitismo, en la que uno de los organismos (el parásito) consigue la mayor parte del beneficio de una relación estrecha con otro, el huésped, que se ve sensiblemente perjudicado. Pues en el mundo organizacional ocurre lo mismo: el ‘trepado’ ve como su trabajo, su prestigio, sus relaciones… en definitiva su identidad y sus méritos se diluyen ante la actitud parasitaria, pero al mismo tiempo demoledora, del trepa, en su afán de ir escalando posiciones, aunque ello no suponga –como bien se sabe por la definición de parásito- un verdadero esfuerzo laboral. Y es que el trepa nunca trabaja demasiado, pero se asegura de que parezca lo contrario, dándose golpes de pecho cada vez que le interesa, aunque la mayor parte de las veces sea fruto de la labor de su víctima. Y por supuesto hay un segundo personaje ligado a él, el protector, la persona que avala y autoriza su comportamiento. Y que incluso lo promueve. Y además su carácter se adorna con un falso halo de colaboración… que siempre busca un objetivo oculto, pero que le hace parecer ‘adorable’.

La segunda característica que le define es el uso privilegiado -e interesado- que hace de la información, mediante la difusión de rumores y maltentendidos, en lo que es un verdadero maestro. Sabe cómo propagar exitosamente sus fingidos méritos, a la vez que los puntos débiles –casi siempre irreales o magnificados- de sus oponentes, de tal forma que su ‘prestigio’ se extiende y se magnífica, en aras a su ascenso social y empresarial. A costa de lo que sea. O de quien sea.

Claro, que todo ello, como en el caso del pelota, se justifica y se fomenta la actitud del ‘líder’ de tolerar, valorar, justificar o premiar estas actitudes. Lo que no saben estos jefes es que la actitud del ‘trepa’ es demoledora: amparado por su protector, va subiendo peldaños en la organización, deshaciéndose de antiguos ‘trepados’ y protectores, para adoptar nuevas víctimas –con el beneplácito de un nuevo protector- hasta que llega a un punto en el que comprende que es imposible ascender más. Y en ese momento adopta una nueva actitud tan oportuna como osada e inevitable: impone sus pensamientos, sus deseos, sus caprichos, sus objetivos al jefe… que los asume –quizá hasta orgulloso pero sin enterarse- como propios.

En fin, os dejo estas pocas reflexiones más sobre una figura que no por conocida, puede ser realmente difícil de identificar, salvo cuando eres su víctima directa. Aunque como ocurre con el ajo y los vampiros, es posible desenmascararle: asignarle tareas individuales bajo su exclusiva responsabilidad y comunicarse con él delante de testigos -que no estén en su onda, naturalmente- para acreditar la verdadera realidad de las funciones y de las personas que intervienen en ellas.

Con todo mi respecto y admiración al gran maestro, Forges

sábado, 17 de julio de 2010

Otro ciclismo, la Megavalanche

Todavía hay mucha gente que sigue pensando en que el ciclismo es solamente carretera, que todas las demás disciplinas son complementarias (pista), preparatorias (ciclocross), modas (BTT) o incluso marginales (trial). Opinión que desde luego no sólo no comparto, sino que me ‘duele’, ya que en mi caso disfruto con todas y cada una de las modalidades.

Por ello, no me resisto a ‘vender’ todos aquellos acontecimientos que por su originalidad, espectacularidad, emoción o incluso protagonismo español contribuyen a hacer más grande –por polifacético- el deporte del ciclismo.

Es el caso de estas imágenes sobre las que me puso en la pista esta mañana Josechu Garay, autor de las mismas y padre del prometedor ‘descender’ Iago, pero sobre todo un apasionado de la bicicleta que, paradójicamente, ha descubierto la carretera desde el mountain bike. Se trata de la Megavalanche, uno de los descensos más originales, largos y duros, que –siguiendo con las vinculaciones entre las distintas disciplinas- tiene lugar en la zona del Alpe d’Huez.


Gracias por la pista y disfrutar de las imágenes!!!

miércoles, 14 de julio de 2010

Del recuerdo de Joseba Beloki al de Luis Ocaña

Muchos medios informativos han aprovechado la etapa de hoy con final en Gap para recordar lo sucedido hace siete años justos, cuando una caída en el descenso de la cota de La Rochette –en este mismo recorrido- sepultó para siempre las aspiraciones de Joseba Beloki en el Tour, tras haber sido podio en las tres ediciones anteriores, incluyendo la ‘plata’ el año anterior. También recordamos el arriesgado descenso de Lance Armstrong campo a través para sortear al guipuzcoano, sin sufrir el más mínimo percance. La suerte de los campeones… que le ha abandonado definitivamente en este 2010.



Pero lo que nadie ha recordado es que en este mismo trazado encontrábamos, casi de salida como entonces, un puerto llamado Laffrey en el que Luis Ocaña comenzó a tejer su leyenda, mezcla de heroísmo, genialidad y desgracia. Para mi, decir Ocaña es decir ciclismo. Del conquense tengo mi primer recuerdo ciclista –las imágenes de Anoeta en la crono final de la Vuelta a España en 1970, en la única edición que ganó- y la primera gran alegría que me dio este deporte precisamente cuando me enteré horas después en el telediario de su gesta en Orcieres Merlette, final de aquella etapa –y cuyo nombre dirá mucho más a los aficionados, en la que se atravesaba ese puerto desconocido y olvidado, pero seguro que de imborrable recuerdo para los protagonistas de aquel día, caso de Joaquim Agostinho, Eddy Merckx, Gosta Petterson, Bernard Thevenet, Joop Zoetemelk o Lucien Van Impe.

Ocaña tuvo la desgracia –el mismo lo reconoció en vida- de ser considerado medio francés en España y medio español en Francia, aunque jamás quiso renunciar a su nacionalidad. Además, su carácter desbocado y sus filiaciones políticas lepenistas, ya retirado, no contribuyeron precisamente a darle una aureola de mito de las que otros muchos pavonean, con bastantes menos méritos.

Fue Agostinho el que atacó en aquel puerto, ataque al que respondió Ocaña, así como los capos de aquella edición. Pero el español, como no se había visto desde los tiempos de Coppi, fue descolgando a todos sus rivales, primero en esa cima, luego en Noyer, donde se quedó solo para realizar, majestuoso, la ascensión final, llevándose la etapa con 5-42 sobre Van Impe y 8-42 sobre el resto de sus grandes rivales, entre ellos el ‘Canibal’. Más de 60 corredores tienen que ser repescados del fuera de control.

El resto de la historia es sobradamente conocido. Cuatro días más tarde, Merckx lanzaba un ataque desesperado camino de Bagneres de Luchon, en una carretera en pésimas condiciones por la lluvia, sabedor que sus opciones pasaban por no dejar escapar la más mínima oportunidad. Ocaña se cebó y en un peligroso descenso de aquel puerto de Mente de infausto recuerdo daba por dos veces con sus huesos en el suelo, era arrollado por otro ciclista… y terminaba en el hospital. Merckx –con el que precisamente no guardaba una buena relación y más en aquel Tour- no quiso vestirse de amarillo como homenaje al campeón caído. Pero lo cierto es que en el palmarés de aquella edición figura el nombre del ‘Canibal’ y no el del español.



Y es que la relación Ocaña-Tour no fue precisamente un romance, sino más bien una tragedia, pese a la espectacular victoria en 1973, adornada con seis etapas, alguna de ellas tan mítica como la de Les Orres, de la que ya hablaré algún día: abandono por caída en 1969, enfermo en 1970, adiós escupiendo sangre en 1972, ausente en 1974 por lesión unos días antes del inicio del Tour, o retirada por un forúnculo en 1975. Corrió sin problemas las dos siguientes ediciones… pero ya era una sombra del que había sido.

En 1994 puso fin a su vida suicidándose, por sus problemas personales, de salud y económicos. Todo ello no resta un óbice a la categoría y al mérito de uno de los grandes ciclistas españoles de la historia, y posiblemente junto a José Manuel Fuente el más espectacular. Y, desde luego, el ‘culpable’ de que ahora mismo esté escribiendo estas líneas.

lunes, 12 de julio de 2010

Vuelve la España sonrojada, un mes después

Pues bien, ya hemos ganado la Copa del Mundo y pese a los vaticinios del secretario de Estado para el Deporte -"ganar el Mundial no arregla la crisis pero nos daría autoestima"-, tengo la misma autoestima que hace un mes… y la misma poca o nula estima por todos aquellos que están utilizando y van a utilizar el triunfo en Sudáfrica para sus propios mezquinos intereses. De hecho, el número uno del deporte español, que no es otro que el propio Rodríguez Zapatero, insistía la pasada semana en esta misma tesis de la confianza.

He de reconocer que tanto el miércoles ante Alemania –enhorabuena a los germanos por su lección de deportividad- como ayer ante los Países Bajos disfruté como nunca, ya que la final reunió casi todos los ingredientes –excepto la inexplicable, incontrolada e impune agresividad de los ‘naranja’- que un partido debe tener: fe, emoción, ocasiones, tensión, cerveza y buena compañía. Y que esta alegría –que posiblemente no volvamos a vivir, aunque esta selección tenga algunos años de vida hasta su caducidad- aún nos durará algunos días más.

Pero no nos olvidemos de que esto ha sido solo un juego. Y más desde la faceta del espectáculo que la del propio deporte. Me gustaría creer el contenido del artículo de Expansión, “España: a ganar para salir de la crisis”, tiene el suficiente rigor. Pero me temo que poco caso se puede hacer a un texto que habla de 67 millones de españoles.

Aseguran, basándose en el informe 'Soccernomics 2010' elaborado por el banco holandés ABN, que el Producto Interior Bruto del país vencedor puede registrar un incremento adicional de hasta el 0,7%, y aunque otras fuentes añaden que el aumento del consumo en los hogares sería algo coyuntural y que los problemas estructurales españoles son muy profundos, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, aseguraba que en caso de triunfo "habría que revisar al alza las previsiones de crecimiento del PIB".

Desgraciadamente el único aumento que veo –porque el posible incremento de la natalidad no lo notaremos hasta dentro de nueve meses- ha sido el consumo de cervezas y alcohol –basta con mirar hoy papeleras y cubos de basura- y el de camisetas rojas y banderas nacionales –preferiblemente con el toro, ya que tiene menos connotación política-, aunque en este caso, por aquello de la globalización y de la crisis, han sido los ‘todo a cien’ de los chinos los que más tajada han sacado. También es de esperar que Hacienda pille un ‘pellizco’ de las primas multimillonarias de los jugadores de ‘La Roja’, aunque luego no se atrevan a terminar con el agravio que supone la llamada ‘Ley Beckham’.

Volviendo a la bandera, lamentar las consecuencias de este inesperado resurgir de la enseña nacional. Tanto en acciones criminales como el apuñalamiento en Navarra de un gaditano por llevar la camiseta de la selección, como en palabras tan oportunistas como las pronunciadas por Leire Pajín: "Es un equipo plural, cada uno es de una comunidad autónoma, son de equipos diferentes pero todos sienten un mismo sentimiento". La número tres del PSOE pronosticaba también que "la misma unidad, confianza e ilusión" que muestra la selección es la que "va a sacar a España" de la crisis económica. Por cierto, también habrá que realizar un esfuerzo para no partirnos de risa ante las opiniones de sociólogos, analistas y especialistas en gestión hablando del modelo de La Roja o de la gestión de Del Bosque. O de las elucubraciones e interpretaciones de los tertulianos del corazón sobre la historia Iker-Sara, cuyo beso fue visto en youtube más de 500.000 personas en doce horas, unas cifras aún más impresionantes 15,6 millones de espectadores que lo vieron por televisión (pantallas gigantes, aparte).


En fin, tapémonos durante algunas unas horas nuestros oídos para no escuchar tantas sandeces –solo con lo del Pulpo Paul ya tenemos cubierta la cuota para muchas semanas, aunque esto es algo que, quien más, quien menos, no se ha tomado en serio- y dejémonos llevar por la marea roja de alegría que supone este triunfo histórico, disfrutemos con los que realmente disfrutan del título –amigos, padres, hijos…-, y volvamos cuando antes a la cruda realidad de la España sonrojada.

sábado, 10 de julio de 2010

Cuando de la tensión saltan algo más que chispas

No es el ciclismo un deporte muy proclive a las peleas. A pesar de la tensión que se acumula siempre que hay algo en juego, de las actuaciones más o menos irrespetuosas e incluso maleducadas que suceden en determinados momentos de carrera –sobre todo los sprints-; a pesar de que la convivencia durante muchos días es el mejor caldo de cultivo para que aflore lo que se puede aguantar en otras circunstancias más propicias, las peleas como la que tuvieron ayer Carlos Barredo y Rui Costa son muy infrecuentes en el mundo de la bicicleta. Y desde luego, batallas campales como las que vemos en el hockey sobre hielo, el baloncesto o incluso el fútbol, algo totalmente impensable en este deporte, aunque no tengo estadísticas ni he podido hacer una recopilación más o menos fiable de casos.

Pero como nos contaron en la Facultad, “perro muerde a hombre no es noticia” –salvo en el ciclismo con los casos de dopaje-, pero el “hombre muerde a perro” salta a todos los medios y más cuando existan imágenes “atractivas”, aunque éstas sean tan incompletas como las de los dos ciclistas implicados: no sabemos nada de las causas de la acción del portugués –un corredor al que apenas conozco, pero al que califican de imperturbable- que provocó la reacción de verdadero energúmeno del asturiano –al que sí conozco, y del que me cuesta creer esa respuesta- cuando entró a la meta.

He intentado buscar antecedentes de este tipo de situaciones y en general todas responden a un mismo esquema: una situación de tensión en carrera, una llamada de atención, una respuesta del tipo “déjame en paz” –a veces con la forma menos respetuosa de vete a tomar por..-, una exigencia de explicaciones… y dos tíos enzarzados.

La primera pelea de la que me acuerdo –no por haberla vivido, lógicamente- fue en el Tour de 1964, cuando el manchego Fernando Manzaneque y el italiano Vito Taccone se enzarzaron a golpes en plena carrera… sin que ninguno de los dos fuese expulsado. Eran dos ciclistas de muy fuerte carácter –quizás deberíamos decir algo más, vista la trayectoria vital de ambos- pero en otras ‘refriegas’ posteriores los protagonistas han tenido al menos un ciclista con un carácter más o menos apacible.

Por ejemplo, el archiconocido combate de boxeo entre Leonardo Sierra y Ramonchu González Arrieta en la Vuelta a España de 1995. No conozco al venezolano, pero con el vasco he convivido bastante en los últimos meses –y ya le conocía de antes- y la verdad es que jamás te lo imaginarías en ese fregado, por su carácter tranquilo y apacible. Y aunque el entonces corredor de Banesto se disculpó, de nada le sirvió, ya que la organización les puso a los dos fuera de carrera.

Otro incidente, aunque éste monodireccional, fue el protagonizado por Mario Cipollini en la ronda nacional del 2000. La discusión en carrera con Paco Cerezo –otra persona tranquila, con el que he pasado buenos momentos estos últimos años- se saldó… al día siguiente, cuando ambos se encontraron en el control de firmas: el italiano –de carácter fuerte, pero del que no se esperaba esta respuesta rencorosa- soltó un puñetazo en la ceja del manchego… y no hubo más porque se interpusieron sus compañeros en Vitalicio. El velocista italiano fue expulsado de carrera inmediatamente, argumentó la tensión que tenía por su madre enferma –algo que se pudo comprobar- y luego se disculpó con el propio Cerezo: ‘algo’ chulo si, pero ‘il bello Mario’ no tenía mal corazón.

Y sin ánimo de ser exhaustivos, recordar el rifi-rafe del pasado Giro entre Cadel Evans y Daniele Righi o incluso en este mismo Tour, con Robert Hunter y Jakob Fuglsang, golpeándose sobre la bicicleta. En el primer caso, una simple sanción económica de 2.000 euros; en el segundo, “ná de ná”.

Así pues, estas acciones –que no benefician a la imagen del ciclismo, ya bastante maltrecho- que otrora fueron sancionadas de la misma forma radical que en otros deportes, con la expulsión, han comenzado a ser tratadas de forma más benevolente. Pero en este caso pienso que el Tour ha acertado con una sanción económica –que podría haber sido más ‘dolorosa’ y ejemplarizante- y con la imagen de la reconciliación en el control de firmas… que ojalá tenga la misma difusión en los medios informativos, aunque me temo que no.


En cualquier caso, lo verdaderamente lamentable es que estas actuaciones sucedan en el deporte de base y no por menos conocida, esta grabación más o menos anónima es la que nos debe llevar a la toma de medidas drásticas en contra de la violencia.

Foto, tomada de http://www.as.com/.

jueves, 8 de julio de 2010

Koblet y Kubler, tanto monta, monta tanto



Aprovechando la noticia de que el patrón del BMC ha financiado una película –mitad documental, mitad con actores- sobre Hugo Koblet, uno de los grandes suizos de todos los tiempos, quiero rendir mi particular homenaje tanto a él como al otro gran corredor helvético de la década de los 50, Ferdinand Kubler. Dos ciclistas totalmente diferentes en su estética, en su filosofía, en su vida, pero íntimamente ligados en su carrera profesional e incluso en sus características, como ciclistas polivalentes, completos, capaces de ganar tanto subiendo como contrarreloj: en 1950 Koblet se convirtió en el primer suizo en ganar el Giro y Kubler, en el primero en anotarse el Tour. Un año más tarde, Hugo se llevaba la carrera gala y Ferdinand, el Mundial. Y a pesar de su rivalidad, no hubo enemistad entre ellos, quizá por el carácter abierto y simpático de ambos.

Koblet era un verdadero adonis… y lo sabía. De ahí su costumbre de peinarse y de acicalarse antes de una ceremonia protocolaria –siempre llevaba una esponja, un peine y un espejo en el maillot, dicen-, pero también incluso en carrera para ‘desconcertar’ a sus rivales. Sin embargo, su sobrenombre de ‘Pedaleur de Charme’ –el ciclista encantador, precisamente el nombre de la película a la que me refería al inicio de este post- no se debía a su físico, sino a su pedaleo suave, a eso que hoy llamamos “estilo” o “clase”. Un apodo que le puso un famoso cantautor francés, cuando ciclismo y vida estaban más unidos que ahora. También podría haberse debido a su carácter extrovertido y galante. Vamos, un conquistador nato.

Hugo, que procedía de un hogar bastante humilde –hijo de un panadero, lo que le valió el menos conocido apodo de ‘Panadero de Zurich’ y bastante oposición para dedicarse al ciclismo-, tuvo unos años bastante buenos en ruta y luego explotó su fama en los velódromos, donde se hizo con una verdadera fortuna, cada vez más alejado de la carretera donde la suerte le fue decididamente esquiva. Fue el comienzo del fin: aventuras sentimentales, dilapidación, decepciones, retirada, pobreza… hasta que en 1964 falleció al estrellarse el coche en el que viajaba en una recta. Algo incomprensible, que sugiere la idea del suicidio, pero nunca lo sabremos: llegó con un soplo de vida al hospital donde un doctor, llamado paradójicamente Kubler, no pudo evitar su muerte, cuando apenas contaba 39 años.

Por el contrario Kubler era feo de narices –su apéndice nasal no tenía nada que envidiar al de Coppi-, con rasgos duros, muy marcados, y una nula preocupación por su estética, al menos en carrera: dicen que en los momentos de sus ataques echaba espuma por la boca, algo que puede sugerir muchas causas y sobre lo que no voy a entrar, aunque a sus 91 años es el ganador vivo del Tour de mayor edad. Pero este rostro poco agraciado ha sido la imagen publicitaria más habitual en Suiza en la segunda mitad del siglo XX, ya que numerosas empresas han recurrido a su fama como reclamo de sus productos.

Al igual que su paisano y rival, desconcertaba a sus rivales en carrera, pero de forma muy diferente: no era infrecuente que se pusiera a gritar frases inconexas en su dialecto natal para motivarse o incluso relinchos salvajes, lo que le valió los apodos de ‘Cowboy’ o ‘Pura sangre’, aunque sus paisanos preferían llamarle El ‘Aguila de Adiswill’. Su temperamento en carrera estaba en consonancia con su locuacidad fuera de ella: en resumen, un verdadero ‘chollo’ para los medios de comunicación actuales si hubiera nacido en esta época.

Este año el Tour no hace escala en Suiza, por lo que cualquier momento es bueno para recordar a estos dos personajes, grandes en una época de grandes ciclistas como Coppi, Bartali, Magni, Bobet, Geminiani, Ockers o Van Steenbergen.

martes, 6 de julio de 2010

Cobbles & Hills days (días de adoquines y colinas)

Parafraseando al magnífico blog de ciclismo ‘Cobbles & Hills’ –adoquines y colinas-, pero en orden contrario, el balance de estos dos días de Tour de Francia en que cotas y pavés han estado íntimamente unidos, no se puede entender sin poner en relación estas dos últimas etapas en las que los acontecimientos han estado tan íntimamente ligados que muchos aún estarán dándose de cabezazos –contra un adoquín, posiblemente- por no aprovechar la suerte que se les puso en bandeja ayer tras la caída de Andy Schleck y haber puesto en su favor un Tour que hoy tienen radicalmente en contra. Solidaridad, generosidad, deportividad y otras palabras altisonantes, que hoy parecen más vacías que nunca.

Por ejemplo Lance Armstrong. Viendo las imágenes de televisión, hemos comprobado que el norteamericano ha sufrido de lo lindo, sin apenas equipo y todo ello por un problema mecánico, tan ‘de carrera’ como el que sufrió Andy en la víspera. Pero nadie ha parado, lógicamente. Ni el americano se ha quejado, “es una carrera de bicicletas”. Curiosamente su director, Johan Bruyneel, fue el único que se puso abiertamente a favor de la pasividad de los ciclistas.

O incluso Alberto Contador, que ha salvado la jornada con notable alto, aunque a última hora una avería le hacía perder un tiempo que no sé si tendrán en contra los jueces, no sería justo. En todo caso, si el madrileño hubiera pasado ayer al ataque, tendría ya casi medio Tour en el bolsillo tras haber dado un ‘aviso’ psicológico a sus rivales. Algo similar podría estar pensando –y con más razón aún- Cadel Evans, que no puede desperdiciar la más mínima oportunidad que se le presente en carrera.

El gran triunfador ha sido el mencionado Schleck, aunque al luxemburgués también le ha tocado su ración de mala suerte al perder a su hermano Frank para lo que resta de carrera: una sensible baja más en lo extradeportivo –es quien verdaderamente le controla y le motiva- que en lo deportivo. El líder de Saxo Bank no pagó su mala suerte de ayer, cuando podría haber dicho adiós definitivamente al Tour antes en entrar siquiera en Francia, y hoy ha recogido una interesante colección de segundos a su favor.

En un segundo plano, ‘chapeau’ para Cancellara: ayer por sus habilidades para convencer –perdón, engatusar- al pelotón; hoy por su potencia sobre el pavés aprovechada en pro de su líder… y en beneficio propio, para recuperar el liderato. Y es que el valiente Sylvain Chavannel pagó su ‘atrevimiento’ de ganar en Spa perdiendo el amarillo a causa de –al menos- dos averías. Como dice mi madre, Dios castiga sin piedra y sin palo… pero con pavés.

Y en fin, también hubo recompensa para Thor Hushovd con la victoria de etapa, después de que ayer fuese uno de los más molestos por la pasividad del pelotón. Lo único que espero es que, de aquí a que termine el Tour, haya algún premio para el gran aventurero de hoy, el canadiense Ryder Hesjedal, que cazado a seis kilómetros de la llegada aún tuvo arrestos de aguantar y esprintar.

domingo, 4 de julio de 2010

Homenaje a Escuredo

Creo que ya ha quedado patente en este blog mi admiración hacia José Antonio Escuredo, uno de los mejores ‘pistards’ españoles de todos los tiempos, un ciclista al que solamente le faltó ser campeón del mundo u olímpico para entrar en esa leyenda de los elegidos: pese a ello, la medalla de plata en el keirin de Atenas 2004 y tres subcampeonatos del mundo coronan un palmarés que incluye más de 30 títulos de campeón de España en todas las disciplinas.


Y aunque está en catalán, os recomiendo que echéis un vistazo a este vídeo realizado con motivo del reciente homenaje que se le rindió en el velódromo de Horta en Barcelona.

viernes, 2 de julio de 2010

La cara de la desgracia en el Tourmalet: Eugène Christophe

Faltan escasas horas para que se inicie el Tour de Francia 2010. Y aunque las claves de la carrera son, a priori bastantes –luego se verá a posteriori cuáles fueron realmente determinantes y que otros ‘obstáculos’ inesperados marcaron el desenlace-, aunque solamente sea por motivos sentimentales se señala uno por encima de todos, el Tourmalet, el rey de los Pirineos, que se subirá dos veces en esta edición, en el centenario de su ‘descubrimiento’, una de ellas –el 22 de julio- como final de etapa. Y es que el coloso pirenaico, pese a ser clave en la historia del Tour, tan solo había acogido hasta ahora una llegada -Jean Pierre Danguillaume se impusó allí en 1974-, aunque la estación invernal de La Mongie, situada a 4,5 kilómetros de la cima, ha albergado tres finales de etapa –Bernard Thevenet, en 1970; Lance Armstrong, en 2002; e Ivan Basso, en 2004-.

Hemos tenido ocasión en estos días de leer en numerosos medios la historia del descubrimiento de la mítica cima, la mentira de su descubridor, Alphonse Steinés, cuando telegrafió al patrón del Tour mintiendo sobre la accesibilidad de la carretera que franqueaba el paso: «Atravesado Tourmalet. Stop. Muy buena ruta. Stop. Perfectamente practicable. Stop». (Os recomiendo la narración de Goméz Peña en El Correo de este episodio). También se ha recordado la actitud de Octave Lapize, primero en cruzar la cima, que llamó ‘asesinos’ a los organizadores, aunque su protesta –quizá sentando un precedente habitual en el mundo del ciclismo de hablar pero tragar- se quedó en eso, olvidándose poco después de llegar a París como ganador de aquella edición.

Sin embargo, el ciclismo no lo hacen solamente los ganadores, sino que muchas veces la épica que ha caracterizado este deporte –y que algunos pretenden olvidar y hacer olvidar- muchas veces tiene el nombre de los grandes derrotados. Por eso, quiero rendir mi particular homenaje, en estos prolegómenos de la edición del 2010, a otro de los grandes héroes del Tourmalet: Eugène Christophe, Cri-Cri.

El primer gran ciclista parisino fue el ‘artífice’ de que la clasificación general se realice por tiempos y no por puntos: en 1912 fue el mejor si tenemos en cuenta el cronómetro, aunque los belgas hicieron una gran labor en las llegadas para Odile Defraye, vencedor final de aquella edición por este motivo.

El cambio llegó en 1913… y entonces jugó en contra del galo: Al pie del Tourmalet, Cri-Cri había eliminado a todos sus rivales belgas, subió sin problemas el puerto y se dispuso a afrontar el descenso con una veintena de minutos de ventaja, que deberían haberle servido para ganar aquella etapa y aquella edición… de no haber sido porque rompió la horquilla de su bici en el descenso. En aquel entonces el cambio de bicicleta significaba la expulsión de carrera, lo mismo que la ayuda externa en las reparaciones. Por ello Christophe tuvo que caminar con la bici al hombro una decena de kilómetros, buscar una forja en Sainte-Marie-de-Campan –donde hay una placa que recuerda su ‘gesta’- y realizar la reparación por si mismo, ya que uno de los miembros de la organización –un árbitro, en la nomenclatura actual- le acompañó en su calvario, velando por la ‘pureza’ del reglamento… e incluso le sancionó con una decena de minutos adicionales a las tres horas y media perdidas porque un chavalín le ayudó con el fuelle. Entonces se dijo que la causa de la rotura de la bici fue el choque contra un automóvil, aunque todo el mundo coincide en que se trató de una mentira piadosa del parisino para no perjudicar a su patrocinador por esta avería.

La I Guerra Mundial acabó definitivamente con las aspiraciones de Cri-Cri de ganar el Tour, pero por lo menos salió vivo del envite –algo que no superaron muchos de sus rivales- y le sirvió para pasar a la historia del Tour de Francia y del ciclismo por ser el primer corredor en vestir el ‘maillot amarillo’, en 1919. Pero esta es otra historia de la que ya nos acordaremos y conmemoraremos como se merece en 2019.